Connecticut Catholic Conference

134 FARMINGTON AVENUE, HARTFORD, CONNECTICUT 06105

 

MARIE T. HILLIARD, PH.D                                                                                                        TELEPHONE (860) 524-7882

Executive Director                                                                                                       Fax (860) 525-0750                                       

 

Causa Común, Bién Común: Hacia una Mayor Justicia Social,

Económica y Ambiental en Connecticut.

 

                Las desigualdades Económicas y Sociales han estado creciendo entre las personas y entre los pueblos y ciudades en Connecticut. Algunos tienen oportunidades y han tenido éxito, mientras muchos estan luchando. Hemos visto evidencia de esto a través del ministerio y servicio de las parroquias, hospitales y agencias de Caridades Católicas al responder a las necesidades de los pobres y los retos que enfrentan las familias trabajadoras de todo nivel de ingresos.

 

                Nuestros medios de comunicación informan con regularidad los problemas de la ciudad. Podemos saber menos de las grandes retos que enfrentan un número creciente de nuestros suburbios, o de las familias en agricultura que todavía son importantes para la economía de Connecticut y para preservar nuestro paisaje. Cuales son los retos morales dentro de las cuestiones económicas y sociales de nuestro tiempo? Necesitan ajustes nuestras estructuras familiares de gobierno e impositivas, para enfrentar las necesidades de Connecticut en el siglo veintiuno? Qué debemos proveer para el bién común, y permitir a todas las familias de Connecticut a alcanzar un futuro brillante, sea que vivan en las ciudades, suburbios, o áreas rurales, cualquiera sea su ingreso, raza o grupo étnico? Cómo rediseñamos los servicios de gobierno, aunque nos encontremos en una disminución de recursos, para llevar estos servicios más efectivamente a aquellos que lo necesitan?

 

                Para atender a estas inquietudes necesitamos una descripción completa y precisa de donde estamos y hacia donde tal vez nos dirijamos. Connecticut Metropatterns, (Patrones Metropolitanos de Connecticut), un estudio comisionado por la Oficina de Asuntos Urbanos de la Arquidiócesis de Hartford, es un recurso para entender y planear nuestro futuro común.  Myron Orfield y Thomas Luce de la Firma Ameregis crearon este informe basados en información pública disponible. El estudio presenta realidades sociales, económicas y ambientales, patrones y tendencias que afectan las vidas de todas las personas en Connecticut. También sugiere nuevas direcciones importantes para las políticas o programas de nuestro estado. Creemos que el informe y estas recomendaciones tienen mérito y merecen una seria atención de los oficiales locales y del estado. Invitamos a todo Católico y todo ciudadano a conocer lo que revela el informe, a considerar estas recomendaciones, y a contribuir a la discusión que esperamos tenga lugar en todo salón municipal, en toda mesa de cocina, en toda iglesia, mezquita y sinagoga, en toda cámara de comercio y salón de unión en nuestro estado.

 

                Qué nos dice Connecticut Metropatterns? Cómo debemos entender esta información en términos morales? Cómo debemos responder como ciudadanos, parroquias, y comunidades?

 

                Como obispos, basamos nuestro pensamiento en la doctrina Social Católica, que comienza con una profunda preocupación por la vida y la dignidad de la

persona humana.  la vida humana es sagrada y toda persona es preciosa. La medida de toda institución es,  si esta amenaza o realza la vida y la dignidad de la persona humana. La persona no es solo sagrada sino social, por lo tanto, cómo organicemos nuestra sociedad, en economía, en leyes, y en programas públicos, afecta directamente la dignidad humana y la capacidad de los individuos para crecer en comunidad. La familia es la institución central de la sociedad que debe ser apoyada y fortalecida. Nuestra tradición Católica enseña que la dignidad humana puede ser respetada, y se alcanza una comunidad sana, solo si los derechos humanos son protegidos y se cumplen las responsabilidades. Por lo tanto, toda persona tiene un derecho fundamental a la vida y un derecho a los requisitos para la decencia humana. Correspondientes a estos derechos hay tareas y responsabilidades, del uno al otro, para con la familia y la sociedad general. Una prueba moral básica es cómo lo están pasando los miembros más vulnerables. Nuestra tradición nos llama a poner las necesidades de los pobres y vulnerables primero. Esto no es una intuición nueva. Es la lección de la parábola del Juicio Final

(Mateo 25:31-46). La economía debe servir al pueblo y no lo contrario. El trabajo es algo más que una forma de ganarse la vida, es una forma de continuar la participación en la Creación de Dios. Nosotros somos los hermanos y hermanas de nuestros hermanos y hermanas, donde quiera que vivamos, porque somos una familia humana, cualquiera sean nuestras diferencias nacionales, raciales, étnicas, económicas e ideológicas. Mostramos nuestro respeto a nuestro Creador con nuestra administración de la creación, que no puede separarse del cuidado a nuestro vecino o de nuestra responsabilidad para con las generaciones futuras. protegiendo nuestro aire, agua, tierra, y otras creaturas es parte del respeto a la vida.[1]

 

                Cómo se compara esta visión con lo que vemos en nuestro estado? Connecticut Metropatterns muestra que las desigualdades económicas y la separación social están creciendo, y que nuestros patrones de desarrollo no-coordinado están afectando nuestro aire, agua, y tierra. Los mapas que contiene este reporte muestran, gráfica y geográficamente que nuestras comunidades suburbanas no son todas iguales. Es importante ver y entender las diferencias. Las ciudades y las áreas rurales tienen algo en común; para cada una sobrevivir y prosperar, el patrón actual de desarrollo debe cambiar. Todas las comunidades serán afectadas negativamente al permitir que continúe el patrón actual de desarrollo. El informe apunta a la conclusión de que podemos y debemos hacer las cosas en una forma distinta, trabajando juntos en regiones y en el estado como un todo, no solo como una colección de 169 municipios. La falta de cooperación está perjudicando a todo el mundo. Mas cooperación regional puede beneficiar a todos.

 

               

En Connecticut Metropatterns vemos que, mientras la población de Connecticut ha crecido en un 12% entre 1990  y 2000, nuestro uso de la tierra ha aumentado en un 102% en este mismo tiempo. Esto es nueve veces el crecimiento de

la población, cuando el promedio nacional es 2.5. La gente se ha ido afuera de las ciudades hacia tierra que anteriormente era agrícola y de foresta, buscando una

cierta visión de calidad de vida y buenas escuelas para sus hijos. Algunas familias alcanzan estas metas. Pueblos con aumento de población y nuevas áreas de desarrollo, sinembargo, con frecuencia carecen de los medios para consolidar nuevas escuelas, carreteras, y alcantarillado. El número de niños en el nivel de pobreza o por debajo de este en escuelas fuera de las ciudades está aumentando. La base impositiva o de impuestos de las ciudades y los suburbios más antiguos está disminuyendo. Sinembargo nuestras ciudades y los suburbios más cercanos a estas son el hogar de casi la mitad de la población de Connecticut y hay mayor demanda por sus disminuidos recursos para proveer educación adecuada para los niños y otros servicios básicos.

 

                La mayoría de los nuevos empleos están en los suburbios, pero quienes buscan empleo viven en ciudades sin transporte público para llegar a estos empleos. En muchas comunidades, existe una severa falta de vivienda que la gente pueda pagar, no solo familias de bajos ingresos, sino aún aquellos de ingresos moderados, incluyendo jóvenes y adultos mayores. No estamos desarrollando viviendas, empleos, y transporte juntos, en una forma que sirvan a nuestros intereses de salud, económicos y ambientales a largo plazo.

      

                Más aún, estamos cambiando la calidad de nuestro aire y agua en una  forma que es dañina para la salud humana, como también para toda la vida de la comunidad que es la creación de Dios acá en Connecticut. Estamos concentrando facilidades regionales de deshechos en áreas urbanas, con frecuencia cerca a plantas energéticas y autopistas principales. Como resultado, la calidad del aire se afecta, y muchos niños de familias de bajos ingresos, muchas de ellas AfroAmericanas o Hispanas, que viven cerca, sufren de un alto índice de asma. La calidad del aire en todas partes se afecta por el incremento del número de millas que los vehículos transitan por nuestro estado. Más trabajadores tienen viajes más largos y la mayoría manejan solos a sus trabajos, mientras el desarrollo de nuevo transporte público es raro. En la medida en que más terreno es convertido de fincas y foresta a carreteras, centros comerciales y viviendas, más agua lluvia corre, llevando contaminantes hacia nuestros rios y el Long Island Sound (Estrecho de Long Island), y menos agua lluvia penetra de nuevo a la tierra para reponer las reservas de agua.

 

                Más aún, debemos enfrentar al racismo, si nuestro estado va a ser uno bajo Dios. Nuestro hermano el Cardenal Francis George de Chicago, llama a ciertos

 

 

patrones de desarrollo, “racismo espacial”[2] refiriendose a patrones de desarrollo metropolitano en los cuales algunos blancos acaudalados crean suburbios segregados

económica y racialmente o áreas aburguesadas de ciudades, dejando a los pobres, -- principalmente Afro-Americanos, Hispanos, y algunos inmigrantes recien llegados -- aislados en áreas deterioradas de las ciudades y suburbios antiguos. Esto tiene

consecuencias devastadoras para los pobres, dejando a muchos de ellos atrapados en vecindarios segregados con oportunidades económicas y educativas limitadas. Al mismo tiempo los recursos económicos confrecuencia se drenan de las áreas más necesitadas y se reorientan para crear lineas de alcantarillado, carreteras y escuelas para aquellos que se reubican más y más lejos de las ciudades y los antiguos suburbios. todo el mundo paga por este nuevo desarrollo a través de los impuestos del estado y especialmente federales.

 

                El cambio es posible. Nuestro propio estado ha tomado algunos pasos positivos. Otros estados están experimentando con modos de arreglar problemas similares.

                Nuestra tradición de la Doctrina Social Católica nos llama a mirar fuera de nosotros mismos y actuar fuera de nuestras fronteras cómodas y creadas humanamente. Estas pueden ser fronteras municipales históricas en un mapa o formas que nosotros mismos y otros definimos por nivel económico, origen racial o étnico, religión ó parroquia, ó cualquiera de las otras formas utilizadas con frecuencia para marcar y separar aquellos a quienes ama Dios. Estamos interconectados geográficamente por agua, aire, y tierra que compartimos en común, así como por nuestra economía. Todos somos hijos del mismo Dios y debemos expresar nuestra solidaridad en forma práctica. En este sentido, cabe destacar las palabras recientes del papa Juan Pablo II: “Es importante no escatimar esfuerzo para asegurar que todo el mundo se sienta responsable del crecimiento y alegría de todos”.[3]

 

                Trabajar para el bién común quiere decir que nuestras decisiones sociales, económicas y gobernamentales, nuestros planes y programas contribuyen a proveer a toda persona con las necesidades básicas para una vida decente; Empleos con salarios para que la gente pueda vivir, transporte, vivienda, escuelas efectivas, y cuidado de salud. Trabajar para el bién común también incluye examinar cómo afectamos esta parte maravillosa de la creación de Dios.  Con mucha frecuencia ha sido el caso, como recalcó el Papa Juán Pablo II, que hemos  estado “tomando decisiones, y acciones, y asignando valores que nos están alejando de todo lo que es esencial para un planeta saludable y una sana mancomunidad de personas. Se necesita un nuevo enfoque y una nueva cultura, basados en la centralidad de la

 

persona humana dentro de la creación e inspirados por un comportamiento ambiental ético .... esta ética fomenta la interdependencia e impulsa el principio de solidadridad universal, justicia y responsabilidad social para promover una verdadera cultura de vida”[4]    

                Invitamos a todos a trabajar por un futuro mejor y más equitativo para todos con más oportunidades para todo el mundo. para avanzar en este trabajo, hemos reunido la “CenterEdge Coalition”  la cual ya incluye más de 45 comunidades de fe, empresas, grupos ambientales, cívicos y de derechos cívicos,

organizaciones de planeación, defensores de los derechos de vivienda y otros. Esta coalición utilizará el informe de Connecticut MetroPatterns como la base para un proceso educativo, al cual todos están invitados a unirse. Las cuatro Diócesis Católicas de Connecticut ya han patrocinado cuatro conferencias de CenterEdge para nuestras parroquias, convocadas en base a las cuencas hidrográficas, para resaltar nuestro terreno y agua común, preciosos para todos nosotros.

 

                Nosotros alentamos a todos los ciudadanos de Connecticut a estar bién informados. Urgimos a las parroquias y Decanatos Católicos, así como a los grupos ecuménicos e interdenominacionales a ser anfitriones de presentaciones sobre la información contenida en este reporte. urgimos a toda ciudad y pueblo a revisar el informe Connecticut Metropatterns y patrocinar foros, exhibiciones en las bibliotecas, y eventos educativos de muchas clases. Alentamos a los periódicos, la televisión y la radio a llevar esta información a la ciudadanía.

 

                En otros estados tales como Michigan y Minnesota, el tomar estos retos ha llevado a un crecimiento económico y una mejoría en la calidad de vida para todos. En la tradición Católica, la ciudadanía responsable es una virtud. La participación en el proceso político es una obligación moral. Necesitamos tomar en serio la necesidad de refleccionar, a la luz de los valores morales, en asuntos sociales, económicos, y de justicia ambiental. Entonces necesitamos actuar, como ciudadanos de nuestros pueblos y estado, por políticas y prácticas públicas que lleven a una vida que guarde más relación con la dignidad trascendental de todo hombre, mujer y niño.

 

 

 

 



[1] Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, 1991. “extractos de compartiendo la Enseñanza Social Católica.. y  ‘Un siglo de la enseñanza Social”.

[2]Habita en mi Amor: una Carta Pastoral sobre Racismo, Abril 4, 2001 (en el 33 aniversario de la muerte del Dr. Martin Luther King, Jr.)

[3]Dirigido a los Cuerpos Diplomáticos, cf. Origins, vol 32: no. 33, p. 544

[4] El Papa Juan Pablo II y el Patriarca Ecuménico Bartolomé, “Declaración conjunta en Articular un Código de Etica

 

 

 

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